No podemos (ni sabemos) ahorrar para la vejez

No podemos (ni sabemos) ahorrar para la vejez

Los planes de pensiones nunca han cuajado en España, que ha preferido vivienda y depósitos.

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La crisis del sistema público urge a buscar alternativas al desplomarse las aportaciones

Tic, tac, tic, tac… España esconde una bomba de relojería. Está semioculta porque la crisis antepone lo urgente a lo importante; pero está ahí. La gente nunca ha prestado mucha atención a una cuestión clave: cuánto hay que ahorrar para que el nivel de vida no se resienta cuando llegue la edad de jubilación. Y no lo ha hecho por el colchón de la pensión pública. Sin embargo, las matemáticas y la demografía son tozudas y cuestionan la sostenibilidad del actual sistema público de pensiones. Más tarde o más temprano habrá que poner en marcha un plan para desactivar este artefacto que amenaza con estallar.

Vivimos en una sociedad envejecida y donde la esperanza de vida es mayor. Ya hay menos de dos trabajadores que cotizan por cada persona que cobra la jubilación, una señal de alarma en un sistema de reparto como el español. Los expertos coinciden: hay que ponerse manos a la obra y estimular el ahorro privado a largo plazo. Las últimas reformas van trasladando sotto voce más responsabilidad a los ciudadanos sobre el dinero de que dispondrán una vez jubilados. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero introdujo varias reformas en el sistema público. Estas medidas incrementan progresivamente la edad para acceder a la jubilación y alargan el periodo de cómputo para calcular la cuantía de la pensión. Bruselas quiere que se aceleren los plazos previstos en la ley (se alargan hasta 2027) e incluso hay voces que piden introducir más reformas. En cualquier caso, parece claro que el futuro será menos generoso que el presente con la asignación pública que corresponderá a cada persona.

“El primer paso para solucionar este problema es decir la verdad a los ciudadanos. Eso exige altura de miras y un pacto político. Un partido, de forma individual, no querrá asumir el desgaste que ello podría suponer”, comenta Carlos Tusquets, presidente de la Asociación Europea de Asesores Financieros (EFPA).

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